miércoles, 15 de mayo de 2013

“SOY UN SER AUTÓNOMO Y NO CREO EN LA VOCACIÓN, SINO EN LAS OPORTUNIDADES”


(Entrevista publicada en AMCI al día en Mayo de 2013
http://www.amci.cl/newsletter/amci_03/entrevista01.html

En el corazón de la Unidad de Quemados de la Posta Central, las horas transcurren como si fuese otra dimensión, y el Dr. Jorge Villegas, cirujano plástico de amplia trayectoria, va de pabellón en pabellón, en operaciones que duran largas horas. Jorge inició su vida en Puerto Montt, deambuló por muchas islas, y las aguas lo llevaron a tierra firme, convirtiéndose en un médico itinerante, con sólidas convicciones personales y ante todo como una persona autónoma, siendo para él su principal fortaleza. Hoy, parte de la familia de Indisa, el Dr. Villegas comparte su tiempo –como muchos profesionales del área- entre la salud pública y la privada.
Conversar con Villegas es como adentrarse en una novela de Isabel Allende, con varios e intrincados laberintos que lo condujeron a destino bastante errático, pero totalmente consecuente, posicionándolo como toda una autoridad en la cirugía compleja de pacientes quemados. Su niñez transcurrió en el sur de Chile. Hijo de farero, esta construcción alta, delgada y curiosa para muchos, que desafía vientos, tormentas y la más densa niebla, hizo del faro parte del paisaje y de sus recuerdos de infancia. Desde entonces, la única amenaza era cuidarse del barranco, estudiar y organizar el tiempo libre. El mayor de una familia de 3 hijos , no era extraño que a sus 7 se radicara en Puerto Montt en casa de su abuela, lejos del regazo de su madre, para continuar sus estudios, en los que se destacó siempre.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia?

A mis 66 años, analizo que no eran muchos los resguardos que tuve viviendo en un entorno lleno de peligros. Mi infancia transcurrió entre lluvia y viento, en lugares como las islas Guafo y Melinka, y la verdad es que nadie tomaba verdadera conciencia de los peligros del mar. Me encantaba aprender de todo y a los 5 ya sabía leer, aunque como aprendí con bloques de madera pintados en imprenta, fue todo un desafío el manuscrito a la hora de entrar a la escuela.

¿Cómo fue eso de distanciarse de los padres en una edad tan precoz?

No recuerdo tener pena, además mi abuela siempre me daba cariño. En lugares tan apartados de la ciudad, todos saben que el curso natural de la vida implica el desapego. En Puerto Montt iba a una escuela de padres jesuita cerca de la casa, paraba a medio día para almorzar en el hogar y luego volvía a estudiar. Eso me ayudó a organizar mi tiempo, ya que tenía muchas actividades académicas y de pastoral. Aprendí a ser autónomo siendo mucho chico.

Cuándo fue creciendo, ¿pensó que su destino era la salud?

Para nada. Sabía que era muy talentoso, que los estudios se me daban fácil, pero no tenía idea de lo que era la medicina. Recuerdo que me gustaba leer mucho, informarme a través del diario y revistas que llegaban al sur, como Ercilla y Vea. Era muy niño, yo creo que tenía unos 10, cuando me pidieron escribir una composición y hablé de un tema político que había leído y los curas se sorprendieron tanto que mandaron llamar a mi apoderado. Criado en lugares asilados y con pocas personas, recuerdo que me aterró la primera experiencia del recreo escolar lleno de niños. En esos tiempos comprendí la necesidad de la fraternidad, de la colaboración y supongo que eso me ayudó a ser un experto en constructor de redes. Desde entonces, donde llego armo equipos, delego y genero redes de ayuda recíproca, con responsabilidad y compromisos. Soy un convencido de que no existen grandes problemas, sino que falta gente comprometida para buscar soluciones para ellos.

¿Y la medicina, cómo llegó?

La verdad, casi sin pensarlo. Siempre he buscado ser útil para los demás, de hecho estaba en segundo medio cuando los alumnos nos organizamos para hacer una escuela vespertina para adultos. Luego di “Bachillerato” y obtuve buen puntaje, y ese fue el capital necesario para decidir lo que se me antojara. Podría haber elegido cualquier cosa, lo único que tenía claro es que no quería nada con matemática, ya que era una disciplina -a mi entender- un poco fría. Yo quería estar en contacto con la gente, hacer obran concretas que mejoraran la vida de las personas…y entré a medicina.

¿Cómo se le dio la vida de estudiante universitario?

Era toda una aventura. Estudié en la Universidad de Chile y lo cierto es que por esos años me pasó la cuenta la falta de hábito de estudio, pero mi capacidad de organización ayudó a enrielarme. Estaba abierto a desafíos, me integré a la AUC –Asociación de Universitarios Católicos- siguiendo con ese bichito pastoral que me traje en la maleta desde el sur, y nos organizamos con un grupo de compañeros para ir a las Tomas de terrenos (1968) a hacer salud primaria, control sano de niños y sanar diarreas. Ese fue el punto de partida para sacar la Universidad del edificio colosal y llevarla a las comunidades, con viajes largos en la llamada “micro de epidemiología”. El recorrido me llevó a ser dirigente universitario, lo que sería el anticipo de mi futuro en el Colegio Médico.

En síntesis, si me preguntas, no creo en la vocación, sino en las oportunidades que te pone la vida misma.

El Doctor Villegas hace una pausa y con algo de misterio, menciona que tras el Golpe del ’73 estuvo involucrado en la Vicaría y decidió salir del país para protegerse. Cinco años más tarde volvió desde Buenos Aires, donde aprendió mucho del doctor Fortunato Benaim, maestro de la Cirugía Plástica Argentina y lideró una red de soporte solidario para chilenos fuera del país.

De retorno en Chile, fue director del Policlínico de la Vicaría de la Solidaridad, trabajó en el Hospital Exequiel González Cortés y en el Hospital del Trabajador, también colaboró en el Hospital del Salvador y San Juan de Dios, y fue Presidente de la Sociedad Chilena de Cirujanos Plásticos. Varios años más tarde, en 1997, asume la Unidad de Quemados del Hospital Luis Calvo Mackenna, y luego de una década, en el 2004 se asentó en la Posta Central, logrando que los adultos quemados graves entrasen en el Auge. Hoy (el tildado) es calificado como experto en cirugía plástica en pacientes críticos.

¿Fue en esos tiempos en que arribó a Indisa?

Efectivamente. Tenía una paciente muy compleja y le pedí una cama al Doctor Sebastián Ugarte en Indisa. Ella había sido víctima de femicidio y estaba luchando por su vida. El asunto es que la recibieron y se salvó, me pidieron que fuera a dar el informe en una conferencia de prensa y a poco andar, decidieron en Indisa crear una Unidad de Quemados y me ofrecieron hacerme cargo. Era una unidad pequeña con capacidad para 6 a 10 pacientes y aquí estoy (se ríe).

¿Cómo ha sido para su familia seguirle este ritmo?

No es fácil (se sonríe y suspira). Me he casado tres veces. Hace ya una década que conocí a mi actual mujer – una persona brillante-, Rebeca Paiva. Yo digo que ella me adoptó (se ríe). Con ella hemos construido un verdadero clan con sus tres y mis dos hijos, una nuera y dos nietos, y siento que ella es mi compañera de toda la vida, mi cómplice…también muy autónoma al igual que yo. Con mi clan, disfruto a concho el tiempo libre. Me encanta el golf, viajar y estar con mi gente.

¿Y qué espera del cambio de Gobierno?

Está difícil la cosa. Todo cambia y las recetas gastadas no funcionan, necesitamos algo que brinde un giro, que dé cuenta de la nueva realidad. Eso lo aprende uno en cirugía de pacientes críticos, donde uno puede hacer hasta quince operaciones en una misma persona, y siempre es como empezar de cero … todo cambia y todo puede suceder. Lo más temible es la “Némesis del éxito”, seguir haciendo lo mismo en una realidad, que producto de nuestra propia acción, ya es diferente. Yo por ejemplo, soy una muestra viva de movilidad social, de itinerancia y de autoinvención, todo cambia en la vida y creo que el poder es un arma de muchos riesgos, mejor mantenerse distante de él. Lo mío es otra cosa… la cirugía.


jueves, 7 de febrero de 2013

¿Estamos preparados para un desastre con quemados como el de Brasil?



Esta vez la pregunta me la formula la periodista de mi Hospital, la Posta Central, por encargo de las autoridades. Mi respuesta es la misma que en el 2001 a la vuelta de colaborar en la atención de las víctimas del desastre de Mesa Redonda en Lima. La misma cuando la pregunta se repitió, el 2004, después del incendio del Supermercado Ycuá Bolaños en Asunción y del incendio de la Discoteca Cromañón de Buenos Aires. La misma, después de atender a las víctimas del desastre Aéreo de Peñalolén el 2008 y a las del Incendio de la Cárcel Pública de San Miguel el 2010.
Las autoridades y los Gobiernos cambian, la pregunta se repite y después suele ocurrir algo similar a lo que ocurre con los medios.
Los grandes quemados suelen ser gran noticia cuando se queman, una menor cuando fallecen, pero ninguno está allí, cuando se van de alta de nuestros Servicio, con alegría por haber salvado la vida pero con enorme incertidumbre por lo que les espera, ahora, allá afuera.
La autoridad elabora un relato, tranquiliza y da garantías a la población, hace algún gesto simbólico y luego, probablemente atrapada en la amplitud de los problemas, postergan las soluciones hasta la próxima emergencia. Entonces, tal vez se repita la pregunta.
La respuesta es No… pero se podría. El 2001 era una presunción. Hoy es una certeza. Nos hemos ocupado de que así sea.
Las cosas han cambiado en Chile para los Grandes Quemados. Hasta el 2004 fallecían siete de diez. Nuestra intervención la redujo a la mitad el 2005 y hoy día después de remodelación del Servicio y la incorporación de los pacientes al AUGE el 2007, rescatamos siete y hasta ocho de cada diez. Hemos sido reconocidos y premiados por eso en los foros internacionales.
Pero a veces las autoridades no lo asimilan no lo dimensionan. La experiencia en medicina se trasmite de manera vivencial. Producto de la especialización quedamos congelados en aquello que no es nuestro hacer de todos los días. Formados en las décadas pasadas, tal vez, pueden seguir creyendo que los Grandes Quemados se mueren y que nuestras capacidades son las de entonces y no ver nuestras potencialidades.
Hoy tenemos indicadores que no se ven mal en el contexto del OCDE. A costos muchísimo menores, resultado del esfuerzo, tenacidad, devoción y creatividad de una gran equipo de jóvenes y antiguos intensivistas, cirujanos, enfermeras, kinesiólogos, técnicos, especializados en la práctica cotidiana.
Así han aprendido no sólo a dar atención y cariño a esos pacientes sino a lidiar con los problemas de todos los días: las fallas de equipos, la falta de mantenimiento, las rupturas de la cadena de frío, los quiebres en la cadena de suministro, la pesadez de movimiento de la burocracia, la permanencia de cuellos de botella, los conflictos políticos de las autoridades, los cambios reiterados que rompen la continuidad, obligan a entrenar la paciencia y volver a comenzar.
Digo, con ese equipo, con ese entrenamiento, se podría. Hemos probado que un equipo formado por un cirujano un intensivista y una enfermera expertos, mas el equipo habitual de cirujanos de urgencia, intensivistas y enfermeras de nuestros Hospitales Base se podrían tratar hasta seis Grandes Quemados en sus Unidades de Paciente Crítico. Podríamos formar cinco de esos equipos. Eso ampliaría a treinta y ocho nuestra capacidad. Si a eso sumáramos las capacidades que hemos desarrollado en el mundo privado pueden ser más.
Eso es lo que nosotros, los especialistas, podemos hacer. Lo hicimos recientemente ante la tragedia de La Pintana. Cinco Grandes Quemados simultáneos, que aún luchan por sus vidas.
Cinco en 15 millones es como sesenta y tres en Brasil. Es lo que nosotros podemos hacer. Conseguir ponerlo en acción, tomar las medidas necesarias, planificar, coordinar, anticipar, esa es tarea de la autoridad.
También es, a propósito de anticipar, diseñar el cómo asistir a los Grandes Quemados después de salvar sus vidas. Hay allí un problema emergente. Nadie queda sin secuelas y deben volver a La Pintana, a Puluqui, a Melika, a Puqueldón, a Iquique, Arica, Copiapó. Cómo los apoyamos hasta hacer realidad su reintegro pleno a la sociedad, a la familia, al trabajo. Esa es otra dimensión de la tarea.
Cómo apoyar a los que como Brígido, que se cayó dentro de un horno de carbón, se comprometió el 70%, por muchos días dudamos de la posibilidad de rescatarlo y, con todo, esta semana, partió de vuelta a Chanco a conocer el hijo que llegó a la vida mientras luchábamos por la suya. Eso es materia para otro escrito. De eso hablaré en el Congreso Mundial de Cirugía Plástica que se realizará en nuestro país a fines de mes. Esperamos que el problema esté en la agenda de las autoridades.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Día Internacional de los Derechos Humanos. Semblanza. Dr. Juan Luis González Reyes.

Día Internacional de los Derechos Humanos.

Semblanza. Dr. Juan Luis González Reyes.

Conmemoración en el Colegio Médico de Chile. Diciembre de 2011.

El día Internacional de los Derechos Humanos conmemora la fecha en que la Asamblea General de las Naciones Unidas formuló la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. En ella se expresa “ el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de la persona humana son los fundamentos para la libertad, justicia y paz en el mundo".

Gunter Seelman, Presidente de la Agrupación de Médicos Jubilados, me solicitó, que en mi condición de antiguo Consejero y ex Secretario General hiciera una semblanza del Dr. Juan Luis González, Presidente del Colegio Médico en los años 80, con quien compartimos las complejas tareas de esos años.

Previamente se realizó un “Homenaje a los Médicos Mártires” en el que se recuerda a los colegas que fueron asesinados en el Golpe de Estado de 1973. Con sorpresa tomé conciencia de que alguien había suprimido la Comisión de Derechos Humanos del Colegio y ahora se refundaba.

En mi intervención dije al comenzar:

“Hace mucho que no ocupaba este estrado. Me emociona recordar que pasaron por este Auditorio y ocuparon este estrado la gran mayoría de aquellos que en los 80 jugaron un rol activo en la recuperación de la Democracia. Me remece la memoria hacerlo junto al memorial que recuerda a nuestros colegas asesinados. Para mí no eran sólo colegas, Jorge Avila era mi compañero de curso, Jorge Jordán era el interno de mi sala cuando yo era alumno, escuché los discurso vibrantes de Jorge Klein en el Emilio Croizet en la Reforma del 68. Compartí horas de discusión en el Centro de Estudiantes de Medicina CEM con Carlos Lorca. Recorrimos las Riveras del Lago Budi en Puerto Saavedra trabajando y soñando mundos más justos y solidarios para aquel, nuestro pueblo mapuche, pobre entre los pobres. Escuché, con la atención que se presta a los mayores, las opiniones de Carlos Godoy e Iván Inzunza en el Gabinete del Ministerio de Salud de Juan Carlos Concha.

No podía imaginar que un día estaría aquí recordándolos a ellos y tantos otros que la bestialidad de la dictadura arrancó de entre nosotros privándonos de envejecer juntos. No puedo dejar de pensar que nuestras vidas habrían sido distintas con ellos a nuestro lado.

Gracias Claudia Godoy por tus palabras, por el recuerdo de tu padre y de todos, me alegra oírlas y oír que tienen la misma fuerza, la misma pasión, la misma voluntad que hace más de veinte años, cuando en 1989, por fin, instalamos ese memorial que nos los recuerda. Gracias Claudia, somos más viejos, hemos encanecido pero, ya ves, somos los mismos.

Tampoco pensé que me correspondería un día hacer la semblanza de Juan Luis. Este Juan Luis González Reyes. Prepararla me obligó a volver la vista atrás. A desenterrar documentos, notas y demás.

De todo aquello dos resultaron más relevantes. El discurso que trabajamos juntos y me dejó como herencia. El Discurso de Inauguración de la Asamblea de la Civilidad y un informe que escribí cuando viajando a Canadá a dejar a Carmen en Septiembre de 1986 me encomendó que fuera a Washington tomara contacto primero con Americas Watch y luego con los más amplios y altos niveles que me fuera posible. Eso hice, apoyado por Giorgio Solimano, recorrimos cuanta oficina quiso hablar con nosotros, del “Washington Post” al Pentágono, pasando por el Departamento de Estado. Allí están buena parte de los conceptos que compartimos.

Desde cuando lo conozco.

Nos conocimos a comienzos del 79.

Venía de vuelta a Chile.

Cinco años antes, el 74, tuve que salir del país, afortunadamente por la puerta, nunca asilados habíamos dicho, tuve la fortuna de poder lograrlo. Tras casi cinco años afuera, ahora sumaba, a la veteranía del Gobierno Popular y las tareas de los inicios de la dictadura en Chile, el aprendizaje de las fortalezas y debilidades del mundo socialista, y la experiencia en la construcción de redes en las particulares condiciones de la Argentina de Videla, Massera y Agosti. Esa experiencia era mi aporte.

Atrás había quedado el vínculo partidario, los conflictos pequeños por el poder, que ya asomaban en el mundo político y que a más de uno nos alejó de la militancia. No así de nuestros compromisos.

Buscando un espacio de participación llegué, llevado por Patricio Arroyo y Manuel Almeida, al Círculo de Salud de la Academia de Humanismo Cristiano. Así conocí a Juan Luis y a Víctor Maturana.

Allí comienza nuestro caminar juntos. Ese caminar en el que en la medida que se avanza construye confianzas, afectos, compañerismo, amistad.

No era sencillo.

Cada uno tenía sus desconfianzas. Cada uno venía cambiando.

Los aprendizajes.

A unos, la vida nos había enseñado que no era posible transformar los cimientos del poder sin una sólida y amplia mayoría de ciudadanos conscientes y comprometidos.

Aprendimos dolorosamente que, cuando se intenta una trasformación estratégica y se amenaza las bases del poder establecido, la respuesta es brutal y no conoce límites. Por el contrario tratan de eliminarnos, desaparecernos u obligarnos a salir del país.

Otros, aprendieron también con dolor, que era una ingenuidad creer que en el Chile de entonces, un Golpe de Estado significaría tan sólo una interrupción temporal de la democracia y se respetarían los derechos de las personas.

Las desconfianzas.

De distintas maneras, por distintas razones, nos mirábamos con desconfianza. Unos debíamos probar nuestra vocación verdaderamente democrática. Otros debían demostrar que no fueron cómplices del derrocamiento de un Gobierno democráticamente establecido.

Esa desconfianza era un activo para la dictadura. Esa desconfianza le permitía mantenernos separados, aislados, arrinconados. Esa desconfianza tendríamos que superarla.

Así conocí a Juan Luis y a Víctor. Víctor me aparecía más asequible. Juan Luis más distante.

Juan Luis no tenía un pasado que tradicionalmente llamen político. No. Era un Otorrino de la UC de sólida consulta, que había estado en el origen de la atención privada, el Centro Médico Carlos Casanueva. Al menos así lo veía yo. Un Príncipe, solía decir Haydee.

Pero tenía algo más que eso. Tenía Principios y la vocación de ser consecuente con ellos. Entendía cabalmente el significado de la parábola de los denarios. No importa cuántos te toquen. Lo que importa es ser capaz de multiplicarlos.

Los hitos que marcaron nuestras vidas.

En 1979, el debate sobre participar o no en los Colegios Profesionales, estaba vigente. Para algunos la respuesta era la clásica, de principios. No se participa en organismos dirigidos por la dictadura. No en Colegios intervenidos con autoridades nominadas. Para otros un dato práctico. Además no había espacios de participación

A pesar de eso. Los Médicos jóvenes, Los Willy Stail, Alejandro Gómez, Julio Montt, Jorge Vega, habían hecho una experiencia. No mucho después se fundó una nueva Asociación de Capítulos en los Hospitales. Los Médicos exonerados a su vez se agrupaban en AMEPEX.

En 1981, en el contexto de las llamadas “Modernizaciones”, la dictadura quitó a los Colegios su carácter de organismos de derecho Público “coadyuvante en la función del Estado en el control del ejercicio de la profesión”, con capacidad de Controlar la Ética, dictar aranceles. Pasaban a ser Asociaciones Gremiales de derecho Privado. Era un intento más de debilitar, de destruir las organizaciones sociales.

La oportunidad. Sin embargo, en todas estos grupos: Médicos Jóvenes, Asociación de Capítulos, Circulo de Salud, Amepex, hubo quienes superando sus propias desconfianzas descubrieron en esa amenaza una oportunidad para abrir un espacio que nos reuniera.

Para dar base de legitimidad a estas Asociaciones Gremiales, la Dictadura debía permitir elecciones. Hacia allá convergimos, participamos en ellas, reconquistamos el Colegio. Juan Luis fue primero Consejero General y luego, cuando se dieron las condiciones, lo llevamos a la Presidencia.

El Perfil.

Hoy la tarea de pintar su perfil se me hace sencilla. Lo pintamos con palabras días antes del 26 de Abril de 1986. Al escribir el discurso de inauguración de la Asamblea de la Civilidad.

Allí dijo “Inauguro hoy esta Asamblea de la Civilidad. Lo hago como Presidente de la Federación de Colegios Profesionales Universitarios y también como Presidente del Colegio Médico de Chile, pero por sobre todo, lo hago como un chileno más, que tal vez durante muchos años ni siquiera vislumbró la posibilidad de jugar un día este papel. Que no tenía otro bagaje que sus propias convicciones, que aprendió en el trabajo cotidiano, que necesitaba de los demás para realizarse como hombre y que una vez, empujado por su gremio, fue convertido por ellos en dirigente. Que no ha hecho otra cosa que expresar lo que desde diversos pensamientos, creencias e ideas se plasma para los médicos en una sola y simple convicción y voluntad. La defensa de la vida”

Juan Luis fue un dirigente forjado en este Colegio. Asumió su compromiso. Aprendió de sus pares.

No se puede pensar a Juan Luis sin tener a la vista a Víctor Maturana, Haydee López, Enrique Fanta, Rubén Acuña, Raíl Donkaster, Francisco Rivas, Gabriela Venturini, Emilio Villarroel, Pedro Castillo, Mariano Ruiz y muchos otros.

Compartimos intensamente esos días, cada uno dio testimonio a su manera. Todos aprendimos de todos. Seguimos siento los mismos, pero enriquecidos por el debate cotidiano y la experiencia compartida.

Era cauteloso, prudente. Medía cada paso. Preocupado por ser consecuente. Celoso de la autonomía. No quería ser instrumentalizado por nadie. Estaba dispuesto a asumir riesgos. Pero no innecesarios. Habíamos tenido ya demasiadas víctimas

Los soportes de la dictadura:

La dictadura se sustentaba en la represión, el terror, la muerte. Endiosó el individualismo, el lucro, el poder.

Sembraba la división. Atomizando, empujando a unos contra otros.

Sus herramientas fueron el exilio, la cárcel, la tortura, la muerte. No menos trascendente, la destrucción de las organizaciones sociales, la destrucción de los gremios.

Había temor. Miedo, mucho miedo.

Vencer el miedo era una tarea estratégica.

No se vence el miedo sino es en la experiencia cotidiana y colectiva.

El Objetivo. El Objetivo fue entonces reencontrarnos, caminar juntos, compartir un destino común, restablecer la continuidad democrática. Aumentar progresivamente la participación de todo nuestro pueblo en la conducción de los destinos de nuestro país.

Había un camino que recorrer.

Si queríamos ocupar un lugar en esa empresa había tareas que cumplir. Se trataba primero: de dar testimonio de consecuencia, luego avanzar progresivamente. Encontrar formas de expresar el descontento sin arriesgar nuevas víctimas de la represión. Una suerte de desensibilización progresiva para, sin detener la marcha, no arriesgar a nuevas víctimas. “Todos juntos y al mismo tiempo”

En 1982. La denuncia de la participación de médicos en la tortura puso a prueba convicciones y capacidades. Eran años duros, quedaban muchos de dictadura, habíamos perdido el control de la Etica, sólo nos quedaba nuestra fortaleza moral.

Los Dilemas.

¿Era oportuno involucrarnos? Recién veníamos llegando, ¿No sería imprudente? ¿No estaríamos poniendo en riesgo el Colegio?

Los desafíos eran múltiples: Involucrarnos sin pagar costos, conseguir llevar adelante la investigación, conseguir la participación del denunciado, que podía desafiliarse sin consecuencias. Dar garantías de debido proceso. Sancionar dando una señal de justicia para las víctimas y al mismo tiempo de apertura y fortaleza moral para hacer posible que esta sanción no fuera un logro aislado, sino el inicio de un proceso que llevara a terminar con la participación de los médicos y mejor, terminar con la tortura.

En cada una de esas decisiones estuvo Juan Luis dialogando, aunando posiciones, respaldando iniciativas. El destino quiso que me correspondiera ser el Fiscal. Lo conseguimos. Hicimos la tarea.

El Colegio Médico de Chile fue reconocido en Chile y en el mundo como la primera organización médica que enfrentó la tortura con la Dictadura Vigente.

Avanzar hasta el límite de lo posible.

Teníamos que perder el miedo y ayudar a reconstruir el entretejido social de nuestra Patria. Movilizarnos extendiendo y fortaleciendo nuestra organización. Avanzando hasta el límite de lo posible sin arriesgar el costo de nuevas víctimas de la represión y sin fracasar.

Cada movilización debía constituirse en un incentivo para la siguiente. Consensuar ese límite no siempre fue sencillo. Distinguir entre deseos y realidades requería un estrecho contacto entre bases y Directiva, encontrar el punto de consenso fue tarea de Juan Luis.

La no renovación del contrato de Ricardo Vacarezza marcó un hito. El ánimo estaba preparado, Santiago y Regiones respondieron al unísono. Ricardo fue repuesto en su Hospital.

Habíamos dado prueba de consistencia moral, de capacidad de movilización, conquistamos con Juan Luis González a la cabeza, respeto, prestigio, reconocimiento.

El ayuno

El 30 de Marzo de 1985 Asesinaron a Manuel Guerrero, Santiago Nattino y José Manuel Parada. Manuel era Secretario General del Colegio de Profesores, José Manuel era funcionario de la Vicaría de la Solidaridad. Santiago era el menos conocido.

Juan Luis ya presidía la Federación de Colegios Profesionales.

El dolor nos abrumó, tendió a inmovilizarnos. La semana siguiente era Semana Santa. Volvíamos de una misa en la catedral. Buscando como sobreponernos y volver a caminar, pensamos en un Ayuno de Jueves o viernes a domingo. Todavía no sabíamos exactamente para qué, pero nos pareció que por allí comenzaríamos. Dirigía el Departamento de Acción Gremial. Preparamos un programa cultural. Nos juntamos la primera noche en torno a la mesa del Consejo para preguntarnos simplemente como era que de los más diferentes vértices habíamos llegado a estar juntos allí reunidos, unidos en un “Hayuno” como creativamente lo bautizó Jorge Jiménez.

Al día siguiente, decenas, luego centenares, comenzaron a llegar a saludar a los Ayunantes y a reflexionar en conjunto. El programa cultural fue olvidado, reemplazado por encendidos debates. Los auditorios se hicieron pequeños. El domingo, al concluir nuestro ayuno, había personas en las escaleras, en los pasillos, en la calle. Juan Luis anunció la Formulación de una Demanda de Chile que se entregaría en la Moneda y la Organización de la Asamblea de la Civilidad.

Nuestra gente no moría en vano, de a poco germinaba la semilla.

El 26 de Abril de 1986 inauguró la Asamblea de la Civilidad. La dictadura no respondió a la Demanda. No quedaba más que detener el país. Eso hicimos el 2 y 3 Julio. Quedaba demostrado el fortalecimiento de las organizaciones sociales y su capacidad de convocatoria.

La Dictadura reaccionó de la única manera que conoce. Encarceló el Consejo de la Asamblea. Desde Capuchinos en una carta a los médicos de Chile Juan Luis Dijo. “Dijimos que la frontera entre lo Gremial y lo político era una línea trazada en forma arbitraria y dijimos que traspasaríamos esa línea, que correríamos esa frontera imaginaria empujados por nuestros deberes éticos y ciudadanos”

Formuló también un propósito. “Por encima del terror que avasalla a nuestra patria, más allá de el y de su tiempo que se aproxima a su fin, visualizamos una nación en Paz, libre, con justicia plena, en la cual se habrán disipado los rencores y se habrá despejado en camino de nuestro reencuentro” Estábamos el largo camino hacia el retorno a la Democracia.

Los organismos sociales conducidos por Juan Luis habían hecho la tarea. Ahora era la hora del mundo político.

A lo largo de esos años acumulamos un patrimonio común que Juan Luis también expresó en ese discurso: Una idea de Patria, un sentido de ciudadanía, del trabajo, un carácter del Gobierno, una postura ante la diversidad. Un sentido de democracia.

La idea de Patria.

Dijo: “La Patria no nace por accidente, ni se define por un territorio o se cautela con un ejército.

Se constituye cuando un grupo de seres humanos que habita un rincón de la tierra, reconocen como propio un mismo patrimonio político social y cultural y atan para siempre con lazos indisolubles y solidarios sus proyectos personales y los ligan a la tarea de construir un proyecto y un destino común, deponiendo innatos egoísmos, construyendo un alma colectiva que nos da cohesión. Así somos valorados y respetados en el concierto de los pueblos del mundo”.

Definió los atributos señalando:

Queremos una Patria dónde:

Se privilegie la libertad sobre toda forma de opresión. Donde cada uno sea sujeto y protagonista de su propio destino, arquitecto y constructor de un destino común.

Donde jamás la libertad de unos se pueda edificar sobre la opresión de otros.

Donde cada uno tenga derecho a realizarse como persona, a diseñar su propio proyecto y a pensar, discernir, opinar, actuar y participar en la elaboración y puesta en práctica de las decisiones que construyan el proyecto común.

Donde tengamos todos, el derecho de disentir y la voluntad de encontrar el consenso.

Donde la diversidad de creencias, ideologías y convicciones no nos dividan sino por el contrario nos hagan más fuertes.

Donde el Gobernante no se entienda como el dominador sino como un servidor de la causa común. Donde la Etica de Gobierno y la filosofía del poder sean entendidas como Etica y Filosofía de Servicio.

Donde el valor del hombre y de su trabajo sea puesto siempre por encima de lo material, del lucro y las finanzas. Donde el trabajo sea un derecho. No una mercancía.

Luego vino el tiempo del mundo político. De la negociación y el cálculo del poder. Se abrió otro escenario. Fueron otras las prioridades. Prevalecieron nuevos intereses y ambiciones.

Pero esa es otra historia. Se sabe que las experticias que se requieren para derrotar una dictadura son distintas de las que se usan para manejar del poder.

El riesgo de la “Némesis del Éxito” como nos recordara un día Gabriel Gyarmati en esta misma sala, estaría siempre presente. Ya sabían los griegos que la misma diosa que te conduce a la Victoria te puede llevar a la derrota. Pero ese es otro análisis.

Volvimos a conversar, ahora como amigos, nos encontramos primero en Bruselas, cuando era Embajador y luego en Lima cuando ejercía el cargo de Secretario Ejecutivo del Organismo Andino en Salud, Convenio Hipólito Unanue y yo de vuelta a mis pacientes participaba en Congresos dictando Cursos y Conferencias. Valoramos la experiencia compartida, observamos el horizonte buscando los signos del desarrollo y profundización democrática y la reconstrucción y fortalecimiento de los organismos sociales. No quedamos tranquilos.

Cuando falleció, el Presidente del Perú envió un representante a su funeral

Esteban Silva, Ex secretario ejecutivo del Organismo Andino en Salud, Convenio Hipólito Unanue, a un año de su muerte lo recordó diciendo.

“Durante la dictadura militar de Pinochet, fue presidente del Colegio Médico de Chile y presidió la opositora Asamblea de la Civilidad, organización precursora de la Concertación que reunió a la mayor cantidad de organismos de la sociedad civil que la historia de Chile ha conocido.

Juan Luis González fue un hombre sabio, bondadoso y solidario. Quienes tuvimos la oportunidad de trabajar con él, siempre recordaremos su labor y compromiso con la salud y la democracia tanto en el Perú como en Chile.

Vaya hoy nuestro homenaje y recuerdo a este destacado médico humanista que, como Hipólito Unanue, se ganó la ciudadanía andina y latinoamericana”.

Y si, Juan Luis Gonzales Reyes fue un hombre de sólidos principios que se forjó como dirigente en éste nuestro Colegio, desde todos nosotros, que siguiendo sus principios fue mucho más allá que cualquier límite que se hubiera fijado, que con prudencia, generosidad y valor supo aunar voluntades, dar testimonio de la defensa de los Derechos Humanos, y ponernos en el más alto pedestal de prestigio y reconocimiento que hayamos alcanzado dentro y fuera del país. Que lideró la más amplia movilización social realizada en contra de la Dictadura haciendo un aporte significativo, estratégico, para la recuperación de la Democracia en nuestra Patria.

Por eso se ganó el respeto, cariño y admiración de quienes compartimos los complejos días de esos años.

Gracias por haberme permitido expresarlo.

Dr. Jorge Villegas Canquil.

Santiago 16 de Diciembre de 2011